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China veta dar bolsas de plástico gratis

La decisión del gobierno chino de gravar el uso comercial de bolsas de plástico a partir de junio es una gota en el océano | El residuo domina en el paisaje del país, tanto en áreas urbanas como rurales | El Gobierno alude a multas al comercio y a exenciones para reducir la fabricación

Cuando los historiadores hagan balance de los desastres de los años noventa y lleguen a China, la aparición del plástico en este país ocupará un lugar principal. En un país que, como Rusia, desconocía el plástico hace apenas 20 años, donde una simple botella de plástico era un objeto cuidadosamente atesorado para las más diversas y longevas utilidades, los envases, los paquetes y bolsas desechables, y el "usar y tirar" en general, se han convertido en una catástrofe ambiental no noticiada de grandes proporciones.

Un movimiento que se extiende

CANADÁ. Un municipio, Leaf Rapids, fue el primero en aplicar, en abril del 2007, la prohibición del uso de bolsas de plástico en tiendas. Multa hasta con 1.000 dólares canadienses.
CALIFORNIA. San Francisco decidió ser la primera ciudad estadounidense en prohibir las bolsas en las tiendas. Lo aplica desde noviembre, aunque se permite plástico biodegradable.
ÁFRICA. Los envases de plástico invaden el paisaje africano. Kenia, Uganda y la isla de Zanzíbar ya han vetado las bolsas o, en algún comercio, cuando menos, se cobran.
ESPAÑA. En Europa no hay unidad y el Senado español ha pedido prohibir las bolsas. Planes y acuerdos plantean reducir su uso en unos años. No se prevén tasas antes de 2010.


El residuo de plástico está presente en todas partes; acompaña la línea ferroviaria, Pekín-Chengdú, como un reguero de basura plastificada de 2600 kilómetros; es una constante en el horizonte del desierto de Taklamakán, en el extremo occidental del país, arrastrado por el viento desde las carreteras que lo atraviesan; su presencia en las ciudades y, desde hace algunos años, en el campo, en las zonas de cultivo, cubriendo los surcos de las labores con miras a incrementar la cosecha, es una verdadera plaga y una maldición que se legará como grave problema a las generaciones futuras.

En este contexto, la medida anunciada ésta semana por el gobierno chino de introducir, a partir de junio, la obligatoriedad de pagar en los comercios por las bolsas de plástico, es una gota en el océano. Una gota en lo que el Profesor Jiang Gaoming del Instituto botánico de la Academia de Ciencias china describe como un "mar de plástico".

El comunicado del gobierno informa también de la prohibición de las bolsas de plástico extrafino de 0,025 milímetros de grosor y de la promoción del uso de cestos o bolsas de tela para la compra. Cita vagamente posibles multas para los comercios que violen la medida, y aun más vagas iniciativas fiscales para disuadir la producción de bolsas de plástico.

Solo en Shenzhen, la ciudad más "moderna" de China próxima a Hong Kong, se utilizan anualmente 1750 millones de bolsas de plástico al año que tardan unos 200 años en descomponerse. Para el Profesor Jiang Gaoming, sin embargo, el principal problema del "mar de plástico" chino se encuentra en el campo.

En ningún lugar del mundo los campesinos usan tanto plástico como en China. No solo invernaderos, como en nuestro desastre almeriense, sino, sobre todo, largas tiras de plástico que se colocan en los surcos de labranza para producir de todo fuera de temporada; desde cacahuetes, hasta sandías, ajo, pimientos, patatas y tabaco. Las tiras de plástico cubren el panorama rural de provincias enteras. Esa técnica incrementa la temperatura y humedad del suelo y el rendimiento de las cosechas entre un 20% y un 50%. El resultado son unos productos, no solo atiborrados de pesticidas -cuyo uso en China es muy superior a la media mundial- sino también de sabor y aspecto frecuentemente degradados, pero… aptos para el "mercado".

El carácter emprendedor del campesino chino, multiplicado por su catastrófico número (el mayor colectivo rural del mundo) se convierte en un factor de desastre. Cada año medio millón de toneladas de este plástico agrario, el 40% del utilizado, se queda en el suelo en China. "Los campesinos más cuidadosos apartan las membranas de plástico de sus campos al fin de la temporada, pero no van mucho más allá de tirarlas en los márgenes de su tierra", explica Jiang Gaoming. Frecuentemente, el liviano plástico se mezcla con la tierra y se rompe, por lo que es muy difícil venderlo para reciclaje.

"Cuando acumulan una buena cantidad , generalmente lo queman", explica Jiang en un artículo publicado el pasado mayo. La quema desprende por lo menos cinco elementos contaminantes orgánicos persistentes (POP) entre los doce más dañinos mencionados por la Convención de Estocolmo en materia de POP, explica el profesor.

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