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Los fallos en Ascó I, al descubierto

La inspección del CSN detecta irregularidades en el funcionamiento de la nuclear

Fuente: El País FERRAN BALSELLS - Tarragona - 13/07/2009

La dirección de la central nuclear de Ascó I (Tarragona) analizó los errores que ocasionaron la fuga de partículas radiactivas en noviembre de 2007 en un informe redactado en febrero del año siguiente. La particularidad de este dato contrasta con el hecho de que en esa fecha nadie tenía constancia del escape, según había asegurado la misma dirección del complejo atómico, en el que hay dos nucleares. Ascó no detectó la primera partícula radiactiva hasta el 14 de marzo de 2008, un mes después de elaborar el informe que entregó al Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) a principios de 2009.

    El análisis de la fuga se hizo con estudios elaborados antes de conocerse el escape

    El CSN, máxima autoridad en materia atómica, solicitó que Ascó analizara qué fallos habían causado el incidente y se topó con un estudio presuntamente reciclado para la ocasión. El organismo regulador no contempla que Ascó tuviera constancia del escape antes de lo admitido por la misma central y ordenó repetir éste y otros informes por sucesivos errores en su elaboración.

    Veinte meses después, el escape de Ascó I aún acapara los esfuerzos de la nuclear, propiedad de Endesa e Iberdrola. El informe sobre la fuga que el CSN remitió al Congreso de los Diputados la semana pasada es sólo el resumen en limpio de una intensa tarea para poner coto a los errores que la nuclear viene arrastrando en su actividad diaria. Las revisiones con que el CSN busca corregir las anomalías en los dos reactores nucleares del complejo de Ascó destapan otras irregularidades, cuya extensión supera las previsiones del propio Consejo. "La inspección final se iniciará con un retraso de cuatro meses respecto de la mejor previsión disponible", notifica la dirección de Ascó al CSN en un documento interno fechado el mes pasado.

    Los desajustes auguran un largo inventario a corregir para normalizar la central, según se desprende de las actas de inspección del CSN, que han detectado compuertas de la sala de control montadas al revés, de manera que cuando reciben la orden de apertura en realidad cierran, y viceversa; brigadas de bomberos integradas por auxiliares de planta sin formación profesional; alarmas que informarían a la sala de control de incendios en zonas distintas a las realmente afectadas por el fuego, y la detección de partículas radiactivas en sitios anómalos -como "sobre la manga del brazo izquierdo" de un empleado- supuestamente derivadas de la fuga, pero de las que Ascó no aporta una explicación verificable.

    La mayoría de errores inciden en la actividad de la central, pero no ponen en jaque la seguridad del recinto. Excepto en un factor clave: la formación del personal de Ascó, que, a tenor del cruce de informes entre el CSN y la nuclear, arroja muchas sombras en el seno del Consejo. Por ello, el CSN insta a la central a crear una figura inédita en el resto de nucleares: la del técnico observador / entrenador, categoría que debe recaer en un operario "con experiencia" y cuya misión consiste en ayudar al personal en "la identificación de pautas de comportamiento" que reduzcan las incidencias y averías, según la autoridad nuclear.

    Ascó sufrió un severo proceso de subcontratación desde 1999, que acabó levantando recelos en el organismo regulador. La plantilla que opera la nuclear está compuesta por el 60% de personal subcontratado, cuando en 1998 este porcentaje era del 40%. El complejo nuclear de Ascó protagonizó seis de cada 10 incidencias registradas por las nucleares españolas en 2008.

    Pero los desvaríos detectados por el CSN escalan hasta los responsables de organización de la planta. El Consejo topó con un organigrama que designaba como encargado de resolver las posibles emergencias al jefe de turno, el cargo más sensible de la central encargado de coordinar las dos salas de control de los dos reactores. Éste, a su vez, también era jefe de la brigada contra incendios, formada por tres auxiliares y sólo dos bomberos profesionales. Sorprendido, el CSN exigió resolver de inmediato el descuadre dada la evidente incompatibilidad de tareas.

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